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La Mujer Gaditana

Cuando afirmó Lord Byron que no había
comparación igual a Gaditana,
no fue galantería, ni fue vana
la expresión de su voz. ¿Qué encontraría

en la mujer de Cádiz? ¿Cuál sería
la que ganó esa flor, la más galana
que se ha ofrecido a la mujer hispana
en cálida y ferviente pleitesía?

¡Y al transcurrir del tiempo las edades,
se renueva esa flor! ¡Pensil de Gades!
¡Vitrina de la Historia y la Grandeza!

¡Gallarda silueta de la palma!
¡La mujer gaditana es la Belleza
que refleja virtudes de su alma!

Adela Medina "Gitanilla del Carmelo"

Cádiz

¡Oh, Venecia española! ¡Oh Cádiz bella!
Que el mar en cintas de cristales ata,
el mar cuya brillante serenata
de espuma y sones a tus pies estrella.

Cuando la Luna su redonda huella
en la llanura líquida retrata
finge en tu seno un corazón de plata
que el agua riza y trémulo destella.

Adornada de olas te apareces
sobre lo azul donde tus gracias meces
oyendo cantos del marino coro.

Y pareces a aquel que te divisa
sobre un temblor de luces y de risa
una ciudad con cúpulas de oro.

Salvador Rueda

Natura

TODO CANTA

¡Todo canta! La rosa riente
que su aroma en el aire derrama;
al conjuro del viento la rama;
al rumor de sus olas, la fuente.

¡Todo canta! La mansa corriente
y el horrísimo mar. La áurea llama
cuando el fuego vivísimo trama;
la avecilla fugaz e incipiente...

¡Todo canta! Y un salmo gigante
va el conjuro formando, triunfante,
con sus voces de vida o anhelo...

¡Y ese himno sin par de hermosura,
en honor de la inmensa natura,
es ofrenda que elévase al cielo!

Eduardo de Ory

Deseos

DESEOS

Quisiera ser el rayo de la aurora
que ilumina tu frente en la mañana;
ser flor que tú admirases por galana
y brindarte una esencia embriagadora.

Quisiera ser el eco que a deshora
llega hasta ti de música lejana:
la dulce sombra fugitiva y vana
que acaricias en tu alma soñadora.

Mas ¡ay! que el sol la aurora desvanece,
muere la flor y piérdese en el viento
el eco blando que vibrara en calma:

ser no quiero ilusión que desaprece...
Es mejor ocupar tu pensamiento
y ser, cual hoy, el alma de tu alma.

Patrocinio de Biedma

Luz

A LA LUZ

El dulce aroma del clavel naciente,
la pura luz de la risueña aurora,
el aliento del aura encantadora,
el vago arrullo de la clara fuente;

los ensueños del ánima indolente
cuando el amor con su fulgor la dora,
los rostros de los ángeles, señora,
son menos bellos que tu bella frente.

Virgen de paz, querube de consuelo,
tus pies no huellen el montón de abrojos
que ásperos cubren nuestro triste suelo;

¡ay!, templa tú del alma los enojos,
hermosa Luz, porque la luz del cielo
viene hacia mí por medio de tus ojos.

Salvador Bermúdez de Castro

Soberbio

DEL SOBERBIO

Es el cohete un hilo manifiesto
de pólvora y papel acompañado,
que con alas de fuego levantado
vuela por verse en las estrellas puesto.

Gira con furia, mas fenece presto
su curso artificial y acelerado,
dejando por señal de que ha pasado
reliquias tristes de un olor molesto.

La vida del soberbio es un cohete,
papel su carne, pólvora su intento,
atado con el hilo de la vida.

No hay quien el fuego del furor sujete
mientras vuela esta máquina y, rompida,
deja el olor de un infernal tormento.

Alonso de Bonilla

Conveniencias

FIN DE SIGLO

En cafés, en teatros y hasta en misa
la enferma sociedad se agita y miente,
oculta su pensar gozo aparente,
disfraza sus afanes la sonrisa.

Es su marca de fábrica o divisa
“Moralidad” impresa en cada frente,
y la soberbia márcala en su ambiente
y la ambición la impele a toda prisa.

Bacterias psicológicas letales
son la astucia, la envidia, la impureza
multiplicando en su organismo males.

Y como el corcho oprime la cerveza,
conveniencias hipócritas sociales
taponan hoy del hombre la cabeza.

Juan Tejón Rodríguez

Primavera

LA PRIMAVERA

¡Oh campos!, ¡oh deleite!, ¡oh hermosura!
¡Oh rica aurora en rosicler y gualda!
¡Oh flores que en balsámica guirnalda
os derramáis por la feraz llanura!

¡Oh bosques de prolífica espesura
que de los montes recamáis la espalda!
¡Oh vivas auras que de falda en falda
la fragancia lleváis y la frescura!

¡Oh hermoso río que el genial tesoro
dilatas por la espléndida ribera,
fluctuante espejo del naciente día!

¡Oh claro cielo de amaranto y oro!
¡Oh mañana del año! ¡Oh primavera!
¡Oh alma esposa del sol! ¡Oh Andalucía!

Gabriel García Tassara

Ángeles

¿NO LO SABÉIS QUIZÁS?

¿No lo sabéis quizás? Yo sé la historia.
El ángel, que velaba
sus purísimos sueños, no ignoraba
que la niña soñaba con la gloria.

Y él, que amaba sus gracias virginales,
pidió al Señor la cándida criatura;
y le dijo el Señor: aquí en la altura
celebrad vuestras bodas celestiales.

Cumplió el ángel su anhelo;
desató el lazo de la humana vida,
y llevando a su dulce prometida

en sus brazos, dormida,
como lleva una madre al pequeñuelo,
al celestial Edén tendió su vuelo.

Mercedes de Velilla

Sermón

EL SERMÓN MODERNO

Dale menos sermón y más harina
e irá tras sí la grey, sabio prelado.
Ya no basta el sermón; la hora ha sonado
de dar con picatostes la doctrina.

Donde hay hambre y dolor, todo es mohína;
piénsalo así, pastor, y pon cuidado
en que pazca y se nutra tu ganado
y abreve en la corriente cristalina.

Los hambrientos, o luchan o bostezan,
y si en lugar de pan das oraciones,
tendrán tu caridad como castigo.

Si les das de comer, verás cual rezan,
que hoy es el ideal de los sermones,
más que predicar bien, dar mucho trigo.

José Jurado de la Parra

Pan

EL PAN DEL ALMA

En pobre estancia y al rayar del día,
de mí y de mis hermanos rodeada,
la madre de mi alma idolatrada
pan sólo, y poco pan, nos repartía.

Y si alguno más pan, triste pedía,
estando la alhacena ya agotada,
ella a la dura y seca rebanada
dulces y blandos besos añadía.

Devorando hasta el último mendrugo
gracias a Dios le dábamos de hinojos...
Rico hacerme después a Dios le plugo;

y si el alma ha de hallar bien que le cuadre,
he de volver la mente con los ojos
al pan con besos que me dio mi madre.

Manuel María de Santa Ana y Rodríguez

Dios

ETERNIDAD DE DIOS

Cuando al lucir el postrimero día,
los astros, en pavesas convertidos,
ceden, y el mar con hórridos bramidos
al caos torne en la región vacía:

y, rota la ancha base do yacía,
la tierra, con sus ejes sacudidos,
vagar se mire en átomos perdidos
por espacios sin fin en noche umbría:

y, ante un trono de luz, final sentencia
escuchen de la vida o de la muerte
los restos de las tumbas animados:

el tiempo acabará, no la existencia
del Dios que es inmortal y santo y fuerte
sobre mundos y mundos consumados.

Francisco Rodríguez Zapata

Soneto

LA ESTROFA INMORTAL

Como quien vuelve a la febril lectura
de una estrofa de amor interrumpida,
así vuelvo a las horas de mi vida
que llenó de quimeras tu hermosura.

¡Oh cuán gentil resurge tu figura,
de blanco traje, virginal, vestida;
rubio el cabello, la cabeza erguida,
claros los ojos y la frente pura!

El Azar te devuelve a mi camino,
hoy que de amores y de azares huyo,
víctima negra de infeliz destino.

Y ante el Azar, que de mi amor se mofa,
mi corazón... que dicen que no es tuyo...
¡sigue cantando la inmortal estrofa!

Carlos Fernández Shaw

Amigo

EL PERRO DEL MENDIGO

Sin codiciar el pan de los señores
ni el mágico solaz de la opulencia
comparte con insólita paciencia
el perro con el pobre sus dolores.

Cuando propios, estériles amores
escapan con horror de la indigencia,
un solo ser la brinda su obediencia,
su cariño leal, y sus favores.

¿Nunca os hizo sentir el compañero
inseparable, el colega inocente
del olvidado y triste pordiosero?

¡Qué ejemplo de piedad tan elocuente
para el vil interés, que airado y fiero
derrama tanto mal sobre su frente!

Timoteo Domingo y Palacio

Ermitaño

EN LAS ERMITAS

Los romeros en flor vierten su aroma
en la empinada cumbre solitaria
y sobre ellos se cierne la plegaria
con reposado vuelo de paloma.

En la altiva meseta de la loma
incansable la Fe modula un aria
y en la puerta de ermita tenebraria
con demacrada faz un hombre asoma.

¡Quién, huyendo el mundial, sangriento engaño,
pudiera así, con ansia no vencida,
encarcelarse valeroso y fuerte!

¡Dichoso tú que sabes, ermitaño,
buscar para el espíritu la vida
y para el corazón hallar la muerte!

Josefa Vidal

Soneto

SONETO

¡Oh vana, oh loca, oh atrevida vida
del hombre ciego que en prestado estado
vive muriendo desterrado, errado,
su gloria luego que es venida ida.

El alma noble aunque oprimida mida
con sus obras aquel sagrado grado
que hará dichoso al desdichado hado
y a Dios que en su piedad no impida pida.

Si al que navega tan estrecho trecho,
mar cuyo viento desengaña engaña
y juzga que su puerto es tierra yerra.

Pague a la muerte sin despecho pecho,
que nunca al justo su guadaña daña,
pues que del cielo la destierra es tierra.

León María Carbonero y Sol

Paz

PAZ DE ALDEA

Al caer de la tarde, está al fresco sentada,
de la casa a la puerta, la familia tranquila...,
tiende la buena madre hacia el sol la mirada,
y del corral baldío llega un eco de esquila.

El cura, por el porche de la iglesia pasea,
y con besos, los niños le acarician las manos,
limpias como la luna que a la noche blanquea
las copas de los árboles en los montes lejanos.

Los segadores vuelven con los cuerpos transidos,
las piaras retornan con correr presuroso,
y con el sol se muere la luz del claro día...

Los pájaros revuelan en torno de sus nidos,
y al sonar la campana del Ángelus glorioso,
todos los labios rezan: “Dios te salve, María.”

José Muñoz San Román

Estrambote

ESTRAMBOTE

Yo no soy el poeta de los versos de oro,
ni de plata siquiera, y, acaso, ni de cobre.
Yo no soy el poeta que en su torno le sobre
esa turba de ecos que le ensalcen a coro.

En mi cítara humilde nunca tuve un tesoro,
y he de morir lo mismo que nací: triste y pobre;
no he esperado, ni espero, que mi cítara obre
el milagro de hacerse un nuevo Artemidoro.

Yo no soy, lo repito, el poeta de alturas;
son mis versos peldaños de misérrima arcilla,
y al pisarlos se hunden, sin lograr la ascensión...

Yo soy sólo un poeta con sinfín de amarguras,
que en su vida sin lauros, en penumbra, sencilla,
consumió como llama su tenue inspiración.

Adolfo Vila Valencia

A Cristo

A CRISTO (DESDE LA FÁBRICA)

Te llaman la miseria y los pesares,
hambre que gime, cólera que estalla,
y en el rudo trajín de la batalla
tus hijos que se matan a millares.

Oficia la mentira en tus altares
y gobierna tu pueblo la canalla,
oye si no la voz de la metralla
que clama por las tierras y los mares.

La dinamita a voces te ha llamado.
"Nada hiciste al morir", grita iracundo
este pueblo irredento y desquiciado.

Pide tu sangre, manantial fecundo.
¡Baja otra vez a ser crucificado!
¡Vuelve, Señor, a redimir al mundo!

Manuel Paso Cano

El Toro

EL TORO

Tiene la paz del mar, noble y sereno
tras la cerca del blanco caserío,
ya bajando las márgenes del río,
ya echado y dócil en el prado ameno.

Como del mar el apacible seno
cambia en galerna el huracán bravío,
así, acosado en su indomable brío,
no reconoce límites ni freno.

¿Quién no quiere mejor que ensangrentado
del circo ante la fiera muchedumbre
batallar y morir desesperado,

verle del sol a la postrer vislumbre
en la serena paz del despoblado
cuando asoma la luna por la cumbre?

Antonio Fernández Grilo